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4 de febrero de 2012

Retazos de vida

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Crítica. “La dama de hierro” Meryl Streep se pone en la piel de Thatcher. 
Filmar una película sobre Margaret Thatcher era una tarea más que compleja. Se trata de un personaje polémico y discutido, pero también -especialmente para los británicos más conservadores- una figura destacada, casi una heroína. Si encima se le da un sesgo feminista al retrato (Thatcher como la mujer que logró colarse en la cerrada secta machista del poder político británico), la forma de plantearse ante este personaje se complica aún más. Hay un tercer elemento en juego. Thatcher está viva y sufre demencia senil. Y la película no evita el tema.
Ese balance muy difícil de lograr es el que no ha encontrado Phyllida Lloyd a la hora de hacerLa dama de hierro . Pero los cuestionamientos al filme no son políticos ni mucho menos. No es cuestión de criticarlo porque la pintura de su gobierno pueda ser excesivamente amable (cada uno tendrá su opinión al respecto), sino por problemas puramente cinematográficos. Más allá de una actuación mimética perfecta de Meryl Streep, La dama de hierro no sabe qué contar ni mucho menos cómo contarlo.
La semana pasada se estrenó J. Edgar , película de Clint Eastwood sobre un personaje aún más problemático como fue Hoover, el jefe del FBI. Las dos películas se organizan de similar manera, con el personaje desde un presente bastante gris, recordando su vida y su carrera. Pero allí donde Clint trazaba, en paralelo, una historia política y otra personal, Lloyd no sale de una serie de fugaces y poco reveladores clips en los que no se profundiza en nada la vida ni el pensamiento de Thatcher. Es un resumen apurado y lleno de “apuntes” de la carrera de esta mujer.
Así, cada importante episodio político es un insert sin contexto ni desarrollo, seguido por otro, y otro más, y así. Todo sostenido desde un presente igualmente flojo, con Lloyd mostrando a Thatcher perder su sanidad mental mediante una serie de confusiones entre realidad y fantasía (le habla a su marido muerto, al que vemos conversar con ella, una y otra vez) en un trauma que, apuesta el filme, se resolverá cuando la anciana dama logre liberarse de ese fantasma.
Si el presente resulta moroso y confuso, y el pasado impreciso y obvio, ¿qué queda por ver? Uno podría decir que la actuación de Streep. Es cierto, la actriz es extraordinaria y capta al personaje no sólo desde sus gestos sino que logra, por momentos, unir las puntas sueltas de este no-relato. Pero no alcanza, salvo para un espectador que vaya al cine a ver un show actoral, o para un actor que vaya a verla como tarea para el hogar...
Otro tema que provocará curiosidad -al menos aquí- es el tratamiento del tema Malvinas, tal vez el episodio del pasado al que el filme más tiempo dedica (siete minutos, no esperen más). Pero tampoco hay allí demasiadas revelaciones, más allá de la idea de que la propia Thatcher fue la más decidida a ir a la guerra, contra los consejos de casi todos. Esto, el filme lo toma algo así como una demostración de feminismo (“yo voy a la guerra todos los días”, dice ella cuando alguien le cuestiona su conocimiento del tema), en una metáfora por lo menos absurda.
Además, claro, estarán los que sientan que La dama de hierro celebra a Thatcher de una manera que para muchos puede resultar hasta irritante. La película es un poco celebratoria de su controvertida figura, pero ése es el menor de sus problemas. El mayor es no tener nada más que una actuación que la sostenga...

Margaret, la poderosa Streep es lo mejor de esta biografía de Phyllida Lloyd.Ampliar
Margaret, la poderosa Streep es lo mejor de esta biografía de Phyllida Lloyd.

Un cine en extinción

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¡Viva la fiesta! El elenco divierte.











Crítica. “Viaje 2: la isla misteriosa”. Una película de aventuras de clase B y orgullosa de serlo.
  • 02.02.2012 | Por Mario Zabala
Hace algunos años se estrenó Viaje al centro de la Tierra , un mezcladito (al estilo jarra loca) donde de forma refrescante se apretaban el actor Brendan Fraser, la potencia visual y excusa argumental de Julio Verne y una animación berreta en 3D. Cuando nadie lo esperaba, el menjunje de clase B (de berreta, pero también de bonachón) vuelve.
En Viaje 2: La isla misteriosa sale Fraser, y entra Dwayne Johnson, 132 kilos de músculos que ha demostrado un talento favorablemente maleable. Johnson es un ex luchador de catch (The Rock) que ya hizo el vía crucis Schwarzenegger (pasó de muñeco inflable de acción a realizar una película familiar donde interpretaba al… ¡hada de los dientes!). Todo para pegar un volantazo y volver al barrio de la acción sin que eso implique no poder jugar en Viaje 2 .
Es en Johnson donde se edifica la película: solo una pila de músculos con talento es capaz de sostener un filme así y hacerlo rodar, convertirlo en un pequeño y maravilloso mundo. En el filme de Brad Peyton, el rocoso es el padrastro del niño que linkea ambos filmes (el insípido Josh Hutcherson) y para ganárselo lo lleva a cumplir el sueño de todo “verniano”: ir a la Isla Misteriosa, lugar al que pueden llegar gracias a que el perdido abuelo (Michael Caine, perfecto y narcótico antídoto a los males de la galaxia) les mando in situ un mapa del asunto. Una vez en la isla (tras estrellarse, y obligando a la aventura a papá Luis Guzmán e hija Vanessa Hudgens), deberán cruzarla antes se hunda. Y listo.
Ese “y listo” viene como celebración de una película pequeña, que zumba antes que dormirse en su cast de descastados. Todos poseen el perfecto tono sardónico que un filme así necesita: la Roca hace jueguito con sus tetas y cerezas, Caine cabalga una abeja, Guzmán sobrevive a la tortura de hacer de cómic relief infantil. Es más, Hudgens, ex High School Musical , como caramelito visual da hincapié a un plano (ella, escapando en cuclillas, filmada de atrás) que da cuenta de ese salvajismo que existe en Viaje 2 .
Un imaginario simple, real pero agigantado (elefantes minúsculos, gorriones como la mayor amenaza, un hermoso diseño del Nautilus), dispuesto en cuerpos felices, conscientes, capaces de saturar de irrealidad ese mundo, pero no de quitar la aventura ni el cine. Ahí está el secreto de Viaje 2 . Una película feliz, julioverniana , rocosa, de casting y bichos cargados de cine, de una simpleza que, cuando se salva del tropezón, hace con orgullo, ideas y pasión un cine casi en extinción y necesario.

Para vencer el frío

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Festival de Goteburgo. El encuentro reúne lo mejor del cine nórdico, tiene grandes invitados y fuerte presencia argentina.

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Vidriera de lujo para la producción cinematográfica nórdica -Suecia, Dinamarca, Noruega, Islandia y Finlandia- y generoso muestrario de realizaciones internacionales, con una fuerte presencia europea y un especial acento puesto en la filmografía árabe, desde el viernes 27 se realiza la 35° edición del Festival de Gotemburgo, en el que, ayer, El estudiante , de Santiago Mitre, y  Las acacias , de Pablo Giorgelli, marcaron la presencia argentina.
La conexión se extiende a la coproducción chileno-argentina  Mi último round , al corto de producción sueco-argentina  Life As a Lie , de Paula Bruno, a la particular Accidentes gloriosos , codirigida por el argentino Mauro Andrizzi en colaboración con el sueco Marcus Lindeen, y al documental  Taxidancing , rodado en Buenos Aires por tres directoras de Estocolmo.
El festival, que tendrá su cierre oficial mañana con la entrega de premios en 17 categorías, tuvo como punto de partida la proyección especial de la multinominada para el Oscar  Los descendientes , con la presencia fugaz de su director, Alexander Payne. El primero de una lista de invitados que incluye al británico Michael Winterbottom, quien, además de aportar su filme más reciente, Trishna , recibirá un premio honorífico, y, entre otros, al griego Yorgos Lanthimos y al californiano Joshua Martson, cuyas películas  Alps y  The Forgiveness of Blood están fuera de competencia. Del mismo modo que aparecen la griega  La sal de la vida , la francesa  El arte de amar  y la danesa  Superclásico , rodada en Buenos Aires y con Sebastián Estevanez como protagonista.
Entre los títulos que compiten por el galardón al mejor filme nórdico, premio de un millón de coronas suecas (640 mil pesos), se destacan Avalon , del sueco Axel Petersen; Flicker , del también sueco Patrik Eklund; Teddy Bear , del danés Mads Matthiesen, y  Sons of Norway , del noruego Jens Lien. También serán premiadas, entre otras categorías, mejor corto, documental y opera prima suecos.
Para la directora artística del festival, Marit Kapla, el objetivo es “lograr que el público que habitualmente se acerca, vuelva a hacerlo este año, y al mismo tiempo generar nuevas audiencias”. Kapla sostiene que tanto la actualización tecnológica como la incorporación de nuevas temáticas son claves.
Durante el festival hay seminarios a cargo de realizadores y actores, encuentros con personalidades de la industria y una larga serie de actividades que se suman a la programación, y ofrecen un argumento más que sólido para escapar por unas horas de los varios grados bajo cero que mantienen cubierta de nieve a esta bella ciudad fundada en 1621 sobre la costa oeste de Suecia.

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Superclásico Película danesa, pero filmada en la Argentina. Se ve en el festival.Ampliar
Superclásico Película danesa, pero filmada en la Argentina. Se ve en el festival.

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